"El amor, más que un poder elemental, parece un género literario. Porque el amor, más que un instinto, es una creación, y aun como creación nada primitiva en el hombre". José Ortega y Gasset.
Perdóname Amor por razonarte, por devolverte a mis manos y traerte de donde te han mandado; perdóname por matarte, pero debo quitarte el misticismo, lo mágico y hacerte nuestro, devolverte a tu estado natural, a tu cuna, y dejarte ver a los ojos que llueven cuando tú te vas…
Perdóname Amor por razonarte, por devolverte a mis manos y traerte de donde te han mandado; perdóname por matarte, pero debo quitarte el misticismo, lo mágico y hacerte nuestro, devolverte a tu estado natural, a tu cuna, y dejarte ver a los ojos que llueven cuando tú te vas…
Tal vez, por todo esto, entre en enemistades con los poetas y otros pensadores demás, porque daré muchos conceptos, indagaciones y conceptos empíricos, y seré merecedor de su odio por matar la madre Quimera, la hermana de la Fantasía y el Odio, seré aquel que extinga la magia…Llenaré de refutaciones a toda una historia estética de metáforas; porque para tener entendimiento estaré esclavizado un poco por la arrogante ciencia, la madre razón y la omnisapiente y coherente lógica. ¡Ayúdame Freud! Advierto, que no me rebajo al estar al servicio del positivismo, autor de muchas masacres estéticas.
Antes que nada, y para no generar confusiones, debo definir brevemente que el “Querer”, es un deseo aplicado al “yo quiero”, al “yo deseo tener”, al “yo deseo poseer”, y por ello es algo muy valedero con la posesión de cosas materiales, o cuando se quiere a un sujeto sin importar un concilio; es decir, no importa si el otro no quiere, pero el YO si quiere. Un querer insatisfecho se convierte en anhelo o en otros perfiles enfermizos. El “Cariño”, en muchos casos se queda en las sensaciones de enternecimiento o de ternura misma, porque existe una inclinación de bondad, aprecio y alegría parcial hacia el otro. Y el “Deseo”, es el más febril de todos estos tipos de atracción, éste marca su esencia en la lujuria y en la neta satisfacción corporal, el cual no incumbe sólo sentimientos eróticos y hedónicos. Entonces, ninguno de ellos define puntualmente el amor.
Como primera medida, entraré a tratar las obviedades necesarias de recordar. Inicialmente, se debe afirmar que el amor no es metafísico. El amor no es una esencia ajena al hombre, que al tocarnos, nos inmiscuye en las más grandes sensaciones capaces de darnos angustias, dolores, felicidad, entre otras; separadas o juntas. El amor no es un lugar lleno de felicidad a donde las parejas suelen ir. El amor no es un Dios (así contradiga a muchos) el cual está dotado de dicho poder. El amor no es algo infinito (al contrario, es limitado al igual que la vida de una rosa y de su creador, el hombre) que los hombres mortales e “insignificantes” no han podido alcanzar. El amor no es algo a lo que los hombres nos aproximamos, ya que no es una medida a la cual intentamos llegar y a la cual ya está medida y propuesta por alguien. El amor no es una nube o un cúmulo mágico lleno de poder sobrenatural capaz de dominarnos. El amor no es sumar tiempo de fidelidad, y aún así, el amor no es fidelidad, porque la fidelidad es un acto de privilegio y privación ante la pluralidad que se puede hacer aún así no sea por amor; la fidelidad se puede hacer hasta por hipocresía, por posesión u obsesión, y/o por (auto) esclavismo.
En cambio, el amor sí es un acto de unión. Parto de esta premisa, la cual me explica que el amor sí es un comportamiento natural. El amor es igual a su primogénito, el hombre. El amor, al igual que su creador, está hecha de la arquitectura divina de las manos y los rincones de la mente humana, y que para el mismo hombre, el amor equivaldría a un síntoma, una manifestación… todo gestado en la matriz humana, reiterándolo. Pero como decía, el amor es una unión, pero es necesario aclarar que un acto de unión no es específicamente un matrimonio ni sus efectos que se deslindan de ahí. Tal acto de unión se especifica con el alma, con el cuerpo, con el corazón y con la mente (no con pactos, con símbolos ni promesas). Sucede eso cuando juntos laten y vibran a un solo ritmo, a un solo pensamiento y se disfruta de tal unión o se sufre por tal separación. Para ello, Freud dice que hay que “…concebir el amar como si fuera una pulsión parcial de la sexualidad entre otras. Más bien querríamos discernir en el amar la expresión de la aspiración sexual como un todo… Si por ahora definimos el amar como la relación del YO con sus fuentes de placer…” (3). Esto explica la premisa, pero se reitera que no se enfatiza en la sexualidad ni en la carnalidad ni en el “Deseo”, sino en la unión de dos seres, dos cuerpos, cuya fricción (metafóricamente) saque chispas de placer y sensación, unidas sublimemente con ternura y afecto; es la pasión unida con el cariño, es el deseo unido con el amor de donde resulta el amor supremo: Hacer el amor.
Groseramente podría decir que el amor es un estímulo causado por una hormona (un compuesto químico) denominada Feniletilamina, producido en el cerebro por el hipotálamo, cuando un sujeto de sexo opuesto se acerca, produciendo síntomas emocionales, descargas de adrenalina de las suprarrenales que afectan el diafragma produciendo asfixia y afecta también el duodeno (las famosas “Mariposas en el estómago”). Tales descargas producen enrojecimiento facial, timidez, bloqueo de lenguaje, sudoración y temblores repentinos. Éste estímulo es síntoma de un carácter selectivo de apareamiento-reproducción o extensión de su especie, a lo que anteriormente despierta un cortejo. Del mismo modo puede generarse por el aroma particular contenido en feromonas que excitan el olfato e inician éste mismo proceso de atracción. La ciencia médica ya lo explicó, pero eso es un razonamiento inhumano con el que yo no me quedo.
La biblia, habla de la “Supremacía del amor” y da conceptos altamente refutables. La Carta a Corintios dice que: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser...” (4). Ésta resulta ser una criticada versión platónica del amor. Para empezar, el amor como resultante humana, ha estado contaminado de la envidia, como cuando alguien envidia o está celoso del amor o la felicidad amorosa de otro(s). Segundo, otros se jactan de su felicidad y del amor que han logrado posesionar en sus vidas. Tercero, a veces se ama en vano o se ama a alguien banal. Cuarto, los amantes, en muchos casos, hacen cosas indebidas por el amor –o si no, que tiren la primera piedra-, a demás, todo se vale. Quinto, el amor siempre busca, porque el amor se encuentra, el amor nace, no se construye ni se planea y por eso el amor sí busca. Sexto, el amor se irrita, odia, se entristece y se aburre, porque no es sentimiento glorioso ni fuerte como para soportar las decepciones humanas, por ello, el amor se ha convertido en odio y en desamor; en el juego y en el amor, todo se vale, hasta las más inhumanas masacres (por ello se saben de algunas guerras); hasta se celebran tales alcances. Sexto, el amor es un sentimiento delicado, débil y fácil de dañar. Y por último, el amor no todo lo soporta, porque como las rosas y la vida, también se extingue y se muere… En conclusión de las refutaciones, el amor es imperfecto al igual que el humano. Es más ¿qué es perfección? Este tipo de “amor” bíblico es perfecto e inalcanzable, platónicamente hablando. Y como dice Remy de Gourmont: "Los platónicos olvidan excesivamente que el amor es una física antes de ser un ensueño".
Regresando a la línea, ¿por qué el amor es tan humano, tan carnal y tan natural como los instintos de cada ser humano? Como ya lo dije, el amor no es una lámpara mágica de infinito aceite, no es un poder divino venido del cielo o de otras dimensiones, ni tampoco es una nube multicolor amorfa e inalcanzable. El amor es la instancia máxima del ser, es algo tan humano y natural como su creador, el hombre, el humano. Por ello se afirma que el amor es un producto del hombre, y por lo tanto, no podemos hacerlo inalcanzable ni indefinible…
El amor es algo del ser, parte del ser y único como el ser que lo crea. Me entristece que amemos y se niegue que se haga. A veces amamos y no somos conscientes de ello. A veces amamos y creemos que es poco a lo que el otro se merecer. Somos incrédulos con nuestro propio corazón. A veces amamos y creemos que sencillamente estamos queriendo, “porque el amor es tan máximo que no lo he sentido antes, no soy capaz de sentirlo ¡es inmenso!”(5). Esto es mentira… El que ama y está seguro de que lo siente, es un amor vivo y rozagante. Pero el que ama y lo niega, es un amor encadenado y lastimado por los látigos de una patética moral indiferente. El amor no es omnipotente ante el hombre, pero sí somos pasivos ante él por voluntad propia. A veces amamos más o amamos menos (qué importa la cantidad –si se atreven a medirlo-), pero lo hacemos.
Como resultante, el amor es una arte. Balzac dice que: “El amor no es sólo un sentimiento. Es también un arte”. Algunos (privilegiados) aman en el pudor del sexo y hacen el amor. Algunos aman con la idolatría, y sus vidas son un gozo de represiones displacenteras… y otros aman con el sacrificio, con la entrega material y física; este amor, en muchos casos, es un sacrificio torpe y voraz que consume aquel que se entrega por la felicidad del otro, sustrayéndose lo suyo para solo demostrar las alturas de una capacidad por ese amor –en sí, es una competencia estúpida para probar la nobleza del amor-… El amor no se pone prueba, se siente.
El amor es algo muy humano, por ello, como los humanos, el amor si existe, porque se existe en el amor y en el amor se existe. Y como dice mi maestro “La evidencia está en sujetarse al equilibrio de dos cuerpos caóticos en su infinita armonía... O fusionarse en la soberbia de dos espíritus que se abrazan en un cosmos singular y propio.”(6).
El Amor es una fuerza inconclusa, porque se completa con el deseo y dan a luz el AMOR PURO (o como prefiero llamarlo yo: el Amor Supremo), entre los besos y en el erotismo de las sábanas. Se armonizan en un sueño de caricias como el Ying y el Yang, como el Frío y lo Caliente, el cielo y la tierra, la vida y la muerte... Y como dice J. O. Picón: "Amar sin deseo, es peor que comer sin hambre".
Erich Fromm, explícitamente lo dice todo, cuando expresa que: “El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque”. En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor, afirmando que amar es fundamentalmente dar, no recibir.".
"Sin embargo, la esfera más importante del dar no es la de las cosas materiales, sino el dominio de lo específicamente humano. ¿Qué le da una persona a otra? Da de sí misma, de lo más precioso que tiene, de su propia vida. Ello no significa necesariamente que sacrifica su vida por la otra, sino que da lo que está vivo en él -da de su alegría, de su interés, de su comprensión, de su conocimiento, de su humor, de su tristeza-, de todas las expresiones y manifestaciones de lo que está vivo en él. Al dar así de su vida, enriquece a la otra persona, realza el sentimiento de vida de la otra al exaltar el suyo propio. No da con el fin de recibir; dar es de por sí una dicha exquisita. Pero, al dar, no puede dejar de llevar a la vida algo en la otra persona, y eso que nace a la vida se refleja a su vez sobre ella; cuando da verdaderamente, no puede dejar de recibir lo que se le da en cambio. Dar implica hacer de la otra persona un dador, y ambas comparten la alegría de lo que han creado. Algo nace en el acto de dar, y las dos personas involucradas se sienten agradecidas a la vida que nace para ambas. En lo que toca específicamente al amor, eso significa: el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor. Marx ha expresado bellamente este pensamiento:
Supongamos, al hombre como hombre, y su relación con el mundo en su aspecto humano, podremos intercambiar amor solo por amor, confianza por confianza, etc. Si se quiere disfrutar del arte, se debe poseer una formación artística; si se desea tener influencia sobre otra gente, se debe ser capaz de ejercer una influencia estimulante y alentadora sobre la gente. Cada una de nuestras relaciones con el hombre y con la naturaleza debe ser una expresión definida de nuestra vida real, individual, correspondiente a nuestro objeto de voluntad. Si amamos sin producir amor, es decir, si nuestro amor como tal no produce amor, si por medio de una expresión de vida como personas que amamos, no nos convertimos en personas amadas, entonces nuestro amor es impotente, es una desgracia.”.
Además del elemento de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho de que implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas del amor. Esos elementos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.”(7).
El amor es ser uno y pensar para dos, para mí y el otro. Comúnmente es una alteridad privada por un ser exclusivo, el amor es blanco por la pureza (sinceridad), y es rojo por el fuego de la pasión; por ello el amor a veces es rosa. No hay más amor que en el calor de un beso y tiernas palabras, calurosos brazos envolventes y tiernas caricias que prueban la suavidad de la piel, la boca y el resto del cuerpo de un otro.
El amor supremo sabe a presencia, sabe a afecto, cariño y deseo juntos en una armonía de complementos. El amor tiene un olor fresco, eriza la piel con la sensibilidad e inunda de alegría cuando el amor se acerca. El amor entumece de timidez cuando no está atado, de lo contrario, es libre y lúcido cuando ya se han unido, se han fusionado. Platón habló del amor cuando dijo el mito de los “Andróginos”, seres amantes parecidos a un humano, pero con forma de dos unidos. Por otro lado, se resume de Schopenhauer cuando filosofa el amor como: un instinto lleno de pulsión, es decir, de voluntad inconsciente en su mayoría. Gottfried Leibniz dice que: “Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad”. Y Nietzsche dice que: “Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal”, “amor es una debilidad, un caso concreto de la incapacidad para resistir los estímulos. El amor siempre hace que afloren las cualidades más elevadas y ocultas del que ama, lo que hay en él de raro y de excepcional. En este sentido, engaña muy fácilmente respecto de lo que en él constituye la regla.”(8). Todos ellos dicen porqué el amor nos hace más que hombres y mujeres, y nos hace Humanos, y más aún, nos hace diferentes en cuanto a lo que somos comúnmente. Es decir, finalmente, el amor nos quita las máscaras.
Para esto, concluyo que, Amar es querer en libertad, tener un cariño infinito y desear a febril sed. El amor es un poder e igualmente una capacidad. El amor es voluntad. El amor es el displacer más preferido por los humanos, porque es un sufrimiento que sabe a dulce en el alma. El amor a diferencia del “Querer”, del “Deseo”, del “Cariño o Afecto” y otros, es INTENSIDAD en su expresión pura, es en verdad una virtud... Dichosos aquellos que pueden amar, y Dioses aquellos que aman en tiempo real. Y esto sólo es posible en manos de los humanos. Ni los dioses aman como nosotros.
Todo esto se conoce, ya se sabe, y se recuerda. Paracelso dice que “Quien no conoce nada, no ama nada. Quien no puede hacer nada, no comprende nada. Quien nada comprende, nada vale. Pero quien comprende, también ama, observa, ve... Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor...” (9). Esto se dirá mejor, en un segundo capítulo: Cómo amar.
REFERENCIAS:
(3) FREUD, Sigmund. Pulsiones y destinos de Pulsión. Estandard Edition. 1915.
(4) Sagrada Biblia. Supremacía del amor. 1° Corintios 13: 4 – 6.
(5) Dicho popular.
(6) HERNÁNDEZ, Elmer. Del amor. PERIÓDICO LITERARIO ERGOLETRÍAS. Encontrado en: Internet Explorer http://ergoletrias.ning.com/profiles/blogs/del-amor (11:04 PM 04/07/10).
(7) FROMM, Erich. El arte de amar (Preludio de Paracelso). Bogotá, Ediciones MOMO, 2000. 123 páginas.
(8) NIETZSCHE, Friedrich. Espíritu libre. Encontrado en: Internet Explorer http://www.scribd.com/doc/12432927/ALEMANIA-Nietzsche-Friedrich-El-Espíritu-Libre (1:25 AM 07/07/10).
(9) FROMM, Erich. El arte de amar. Bogotá, Ediciones MOMO, 2000 (Pág. 5).
Por: Julio Ernesto Díaz Torres.
Contacto: juliogato3@hotmail.com
Por: Julio Ernesto Díaz Torres.
Contacto: juliogato3@hotmail.com